19.1.12

Novela - Capitulo 1


Paz siempre había sido una fiel amante de las fiestas en general; desde navidad hasta los cumpleaños de cada integrante de la familia, pero había algo que ella no disfrutaba en lo más mínimo, una fecha que le hacía sentir un vacío en el pecho de esos que solo un abrazo de Olivia podía llenar. Esa fecha era, irónicamente, su propio cumpleaños.
Solía vestirse con ropa grande, buzos anchos, y de vez en cuando un pañuelo atando su pelo siempre despeinado. Pero lo que nadie sabía, era que debajo de ese ondulado pelo rubio y esos cálidos ojos color mar siempre se ocultó una profunda tristeza, esa tristeza de no tener un rumbo ni un objetivo, esa lenta agonía de vivir sin sueños, que se acentuaba mas cuando cumplía años y pasaba todo el día encerrada en su cuarto porque no tenía amigos que la visitaran; quizás, inconscientemente, la soledad fue una elección.
Ella recibió su cumpleaños número dieciséis encerrada en su cuarto, rodeada de libros, como de costumbre. Nicolás y Miranda, incitaban a su hija desde el pasillo a que saliera y poder así saludarla y entregarle su regalo, pero, como cada año, Paz solo daba las gracias desde el interior de su cuarto y volvía a subir el volumen de la música.
Estaba escondiéndose el sol cuando empezó a tener un poco de hambre, así que decidió bajar para agarrar algo de comida, saludar a sus padres para que se queden conformes y volver a subir.
Cuando abrió la puerta, se encontró con una pequeña cajita dorada, de ella colgaba una tarjeta que decía: “Para Paz”, con una hermosa letra cursiva. Esto, lejos de alegrar a la joven, la puso muy furiosa, porque todos en esa casa sabían muy bien que prefería destinar el dinero de sus regalos a viajar por el país, o donarlo a alguna organización que protegiera al medio ambiente. Así que agarró el paquete, y bajó inmediatamente las escaleras. Abajo, en el living, sus padre estaban a punto de cortar una torta que rezaba “Feliz cumpleaños Paz”. Se pusieron muy felices al verla, pero esa felicidad se esfumó al instante tras ver la ira de su hija.
- Les dije miles de veces que no quiero regalos – sentenció, en voz baja pero firme, arrojando el regalo arriba de la mesa ratona y girando sobre si misma para volver a subir las escaleras. Alcanzó a subir solo dos escalones antes de que su madre le hablara.
- Hija, no puede ser, nuestro regalo es ese. – Dijo, señalando hacia la ventana.
Paz bajó las escaleras nuevamente, desde donde estaban sus padres no se veía nada, así que siguió caminando lentamente, esperando que sea eso que ella tanto deseaba. Y si, definitivamente lo era, cuando se encontró parada de frente a la ventana finalmente pudo verlo, era tal cual lo imaginaba, toda su vida había esperado ese momento. Era un precario camión, parecido a un colectivo; pero se notaba que sus padres se habían esmerado mucho en reconstruirlo y pintarlo, ya que en uno de los lados habían pintado un gigantesco símbolo de la paz.
 - Está equipado con todo lo necesario para viajar por el país.- Dijo Nicolás, que sabía muy bien que era su sueño desde chiquita.
- Gracias – fue lo único que pudo decir con la voz entrecortada, mientras corría a abrazarlos. Pero enseguida se acordó de esa cajita. De alguien tenía que ser, tenía algo mágico que la intrigaba demasiado; fue hasta la pequeña mesa y la agarró. Cuando la abrió, una llave cayó al suelo y en el fondo de la caja encontró una carta. Mientras se agachaba a buscar la llave empezó a leer la carta, que decía algo así:
“¡Feliz cumpleaños, Princesa! Sabía que este día llegaría, espero no haber tardado mucho, y espero también que te hayan hablado de mí.
 Ha llegado el momento; Olivia te va a explicar de qué estoy hablando, no te preocupes. 
Deja que todo fluya. Sabes que voy a estar contigo cuando me necesites, pero mas allá de eso, recuerda que hay solo dos lugares donde podemos estar juntos, uno es tu mente, Paz; y el otro, es tu homónimo.
Te quiere, tu abuelo.”

18.1.12

Tocar el tiempo.


Me dijeron que todo vuelve, que la vida sigue.
Y como siempre, me negué a creer.
Me dijeron que era inalcanzable, prácticamente imposible.
Y yo, me negué a creer.

Me dijeron que vivía en tu dominio,
y que finalmente dolería hasta el delirio.
Mis oídos se negaban, y sus voces no escuchaban.
Sentido no tenía, tanto cólera y melancolía.

Y tarde aprendí, que siendo ciego, tampoco se puede oír.

Y te entregué, todo de mi, llegue al limite de existir.
Pensé que nuestro fuego, con la lluvia, nunca se iba a extinguir
Llegué a creer que era inmortal, que el tiempo se podía tocar.
Que eran eternas las noches, y que existía la felicidad.

Ahora entiendo, que es mentira la verdad
Y que solo ella es mi felicidad.
Podría encapricharme y decir, que no quiero seguir así
Pero hay presente, y también futuro; queda tanto por vivir. 

30.12.11

Hasta mañana

Rogándole a la noche que nunca se termine;
pidiéndole al sol que no vuelva a salir.
Detesto, como siempre, que las cosas se olviden;
la luz, otra vez, me hace volver a morir.

Porque no tengo otra forma de sacarte de mi vida;
porque noches como estas me hacen sentir inmortal.
Una mirada inoportuna que me invita a la mentira,
quiero pero no debo, ¡Aunque no está nada mal!

Y acá estoy, buscándote, sintiéndote en otro lugar;
y asi estoy, muriéndome, viviéndome sin perdonar.
Y no me ves, te quiero acá,no hay mañana si no estás.
Qué pretendés, no puedo mas, no habrá pasado si te vas.

Ya no es hoy, quizás, no se. Mis ojos no lo quieren ver.
Ya no soy yo, quizás, no se, o eso es lo que vos crees.
No vuelvas mas, no estoy acá, ya nunca me vas a encontrar.
No vuelvas mas, ya no estaré, hasta mañana nena...si sigo vivo, no se.